A mediados del siglo XIX, la naciente cuidad de La Habana, con su desarrollo expansivo, desborda sus murallas de piedra y crece extramuros. Se decide entonces por el gobierno colonial de la época, la construcción de un prado o alameda, que se extendería a lo largo de la muralla terrestre, entre las dos puertas con que contaba la muralla en aquel entonces. Con el crecimiento de la ciudad el floreciente Prado comenzó a flanquearse de elegantes mansiones y grandes edificios de enorme valor patrimonial. En 1889 llega la electricidad al naciente paseo, y sus elegantes farolas se iluminaron de luz eléctrica propia, por primera vez la América Latina. El Paseo del Prado realmente lo compone el propio paseo, el Parque Central, la explanada del Capitolio y la Plaza o Parque de la Fraternidad, aunque muchos cubanos piensen que es solo el parque con sus bancos y leones. El Prado quedó inaugurado el 10 de octubre de 1928, tal como lo conocemos hoy, con su senda central de terrazo, sus banco...
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.