No pretendo volver a reseñar, la historia constructiva del Cristo de La Habana en su acervo monumental, información hay mucha, disponible al alcance de todos, por tal razón, prefiero reservar el espacio de estas líneas, a la narración de los relatos mágicos que definen nuestro blog, enfrascado en la búsqueda incansable de lo real maravilloso. Una vez concluido el asalto al Palacio Presidencial en 1957, para ajusticiar a Fulgencio Batista; su esposa Martha, desesperada prometió que, si el presidente salía con vida, ella mandaría a erigir una estatua de Cristo que se viera en toda La Habana. Con tal propósitito y dando cumplimiento a su promesa, la primera dama se encargó en persona de convocar un concurso de participación, reunir el financiamiento necesario y asignar la construcción de la monumental obra, a la escultora cubana, Jilma Madera. Casi de inmediato, la escultora partió para Italia, en su misión de tallar in sito, en las canteras de Carrara, las 67 piezas de mármol blanco, ...
El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.